TIC´s nuevos desafíos y oportunidades.

No voy a hacer ninguna aportación en esta entrada. Simplemente recojo el texto íntegro de La caverna cibernética, blog de Gaizka. En su post (que parece que es una serie, porque hay un TIC´s nuevos desafíos y oportunidades II) realiza planteamientos con los que estoy muy de acuerdo y mencionando explicitamente a la publicación i-Economía de la que soy co-autor junto con Javier García y Pablo Priesca. Le cito textualmente:

TIC´s nuevos desafíos y oportunidades

Durante cuatro días vamos a separarnos de los dispositivos y las grandes empresas tecnológicas para adentrarnos en las Tecnologías de la Información y la Comunicación y en el mundo de la innovación. Vamos a tratar de averiguar -con la inestimable ayuda de grandes autores- cómo las nuevas tecnologías se han instaurado en todos los estratos de nuestra sociedad -comunicaciones, relaciones interpersonales, economía, cultura, educación, etc.- y cuáles son los retos, oportunidades y desafíos que nos brindan.

Tecnología y economía, ese matrimonio perfecto

Durante mucho tiempo hemos oído hablar de diferentes soluciones a la crisis económica que vivimos. Por desgracia, hasta ahora, ninguno de los oráculos a los que hemos acudido ha sido capaz de darnos la receta con la que terminar con las largas colas en las puertas de los institutos de empleo; la deuda crónica de los países y, mucho menos, los ingredientes para conseguir el tan ansiado crecimiento económico.

Sin embargo, hay una palabra que se repite una y otra vez en todas y cada una de las “sanas” que se nos propone. Da igual que el ideario sea más consevador o más social. Todos hablan de innovación. Todos hablan de la necesidad de invertir en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i). De lo que no hablan, empero, es de que algunas regiones del planeta -entre ellas el Estado, con honrosas excepciones- son verdaderos desiertos donde plantar la semilla de las nuevas tecnologías será mucho más que complicado.

Para empezar este viaje iremos de la mano de Javier García, Paco Prieto y Pablo Priesca y su excelente libro “i-Economía” donde nos explican cómo los patrones económicos globales están cambiando: lo importante ya no reside en la producción de bienes, sino su diseño y su concepción. Lo importante ya no es tener enormes fábricas donde producir millones de coches, teléfonos o televisores. Lo fundamental es tener una gran base de ingenieros, matemáticos, estadísticos, empresarios, publicistas, etc. que sean capaces de imaginar que desearán y necesitarán las personas en el futuro, darle forma, crearlo y fabricarlo. Aquí tenéis un ejemplo que aparece en este volumen para que veáis la importancia de cambiar nuestro concepto de economía:

  • Es muy habitual de hablar de Silicon Valley o Apple estos días como un ejemplo de innovación. Lo que pocos ven -muchas veces ni siquiera sus clientes- es un eslogan que aparece en la caja de todos los productos de la manzana: “Designed in California, assembled in China”. Para que hacernos una idea, el precio medio de un iPod comercializado en cualquier rincón del planeta es de 299$. La pieza más cara de cualquiera de estos dispositivos es su disco duro que, a día de hoy, fabrica Toshiba y cuyo coste es de 73,39$. En total, el coste de las 451 piezas que Apple necesita para construir cada uno de estos productos es de 144$. El siguiente paso, el de los distribuidores -cuando no ocurre que ella misma comercializa el bien en cuestión en exclusiva- marca que Apple vende a cada minorista sus iPod por 224$ lo que significa que en cada uno de ellos la firma de Tim Cook obtiene un beneficio bruto de 80$. En el caso de Estados Unidos, donde tiene la distribución en exclusiva, esta cifra se eleva a 103$. Es decir, entre el 30 y el 43% de los ingresos se quedan en Estados Unidos, en el caso de Japón se queda alrededor del 10% del beneficio… y en China a duras penas el 1%. Como vemos, el valor no reside donde se “ensambla”, el valor del iPod se queda donde se diseña.

Innovación y renta… ¿hay relación?

Ahora que hemos visto la importancia que tiene ser un “productor” de ideas y no sólo de bienes, es importante que nos detengamos en observar si realmente existe una relación directa entre la inversión en I+D+i y la renta de los ciudadanos.

Como hemos dicho antes, existen regiones del planeta donde la tecnología está mucho más presente dentro del entramado económico. Todos pensamos en Silicon Valley cuando nos hablan de nuevas tecnologías, aunque no todos pensamos que todas las industrias del planeta tienen “centros de ideas” a nivel mundial. La industria aeronáutica se concentra en Seattle y París; la industria automovilística tiene en Japón y Baviera sus máximos exponentes; Londres es una de las capitales mundiales financieras, etc.

Es por ello que podemos encontrar fácilmente una lista con los países que más han apostado por la inversión en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Todos los años una agencia de Naciones Unidas conocida como la International Telecomunication Union (ITU) elabora un dossier llamado Measuring the Information Society a través del cual se desarrolla el Índice de Desarrollo TIC con el que podremos comparar el desarrollo tecnológico de casi todos los países miembros de la ONU.

Como bien explican en i-Economía, este índice calcula la disponibilidad de infraestructuras tecnológicas en un país; el uso de esas tecnologías por parte de las personas físicas y jurídicas de dicho Estado y, finalmente, las habilidades formativas en nuevas tecnologías que hay en dicho territorio.

En ese informe vemos que países como Suecia, Luxemburgo, Corea del Sur, Dinamarca, Holanda, Islandia, Suiza, Japón, Noruega y Reino Unido lideran la tabla con Alemania en el puesto 13, Australia en el 15, Francia en el 18, Estados Unidos en el 19, Irlanda en el 20 y España, entre otros, en el 25.

Curiosamente, si analizamos la clasificación que el Instituto por el Desarrollo Humano hace también anualmente para ver cuál es la situación comparativa de todos los países en relación a la esperanza de vida, la renta per cápita, el promedio de escolaridad infantil y la tasa de alfabetización adulta -conocido como Índice de Desarrollo Humano– vemos que los resultados no son muy diferentes:

Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Irlanda, Liechtenstein, Holanda, Canadá, Suecia y Alemania copan las 10 primeras plazas y Japón, Corea, Suiza, Francia, Finlandia, Islandia, Bélgica, Dinamarca y España se sitúan entre los 25 primeros. Las diferencias, de hecho, son aún menores si sólo tenemos en cuenta la renta per cápita por país.

Es por ello que sí podemos concluir que existe una relación directa entre innovación y renta. Si tenemos en cuenta el estudio llevado a cabo por World Information Technology Alliance veremos que en 2010 la inversión global en TICs superó el 6,5% del PIB planetario. El ritmo al que creció la cantidad destinada a estas tecnologías durante la última década creció fue del 9,13% anual -a pesar de que la crisis ha reducido el importe un 3% los dos últimos años- y, lo que es más importante, aquellos países que más han gastado en nuevas tecnologías (en su implantación, en su uso, en su innovación y en enseñar a sus ciudadanos a utilizarlas) son aquellos que aumentan o mantienen sus niveles de competitividad económica.

Los cuatro países más competitivos del mundo son Suiza, Suecia, Singapur y Estados Unidos. España ocupa el puesto 42 de 139 y desde 2008 -fecha del inicio de la crisis- ha bajado 9 peldaños. Lo más grave, además, es que son los países que más han invertido en nuevas tecnologías durante las últimas décadas los que han visto crecer más solidamente su PIB.

Así, si tenemos en cuenta los datos de la OCDE para sus miembros, entre 1985 y 2008 la inversión de Suecia en TICs creció a un ritmo del 0,56%. Su PIB al 2,32%; Estados Unidos creció al 2,89% mientras que sus inversiones en Tecnologías de la Información lo hicieron un 0,55% al año. España aumento su inversión tecnológica un 0,25% anual. Su PIB creció al 1,76%.

Conclusiones

Como hemos visto la inversión en nuevas tecnologías, en infraestructuras para su desarrollo, en formación para los trabajadores y en innovación -ideas- son absolutamente fundamentales para que el desarrollo económico de un país -y con él su desarrollo social- se lleve a cabo de modo sostenido. Sólo aquellos países que han sido capaces de prever los cambios que se estaban dando en los cimientos de la economía y que han apoyado y abrazado el futuro que significan las nuevas tecnologías han mantenido un crecimiento sostenible en su riqueza y su desarrollo humano.

Es por ello que hemos de entender esta crisis como una oportunidad para replantearnos nuestros modelos de crecimiento. En una época en la que los países emergentes ofrecen al mundo posibilidades de producción con estándares satisfactorios a precios muy reducidos -en muchos de estos países es necesario que se dé la revolución social que acabo con la explotación de los trabajadores en el primer mundo hace ya más de un siglo- es necesario que los Estados occidentales nos diferenciemos de los demás por nuestra capacidad de innovación. Por nuestra capacidad de crear bienes con un mayor valor añadido y, en definitiva, que aprovechemos nuestro mayor desarrollo tecnológico para que influya positivamente tanto en un mayor bienestar social como económico.

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